Un mineral que mueve el mundo moderno está siendo disputado en los cerros costeros de Biobío y Ñuble. La aprobación ambiental del primer proyecto de extracción en Chile y el avance silencioso de nuevas concesiones abren un debate que las comunidades llevan años librando.

El sur de Chile despertó en el radar de una de las disputas geopolíticas más relevantes del siglo XXI. Bajo el nombre de tierras raras se agrupan 17 elementos químicos —los 15 lantánidos de la tabla periódica más el escandio y el itrio—, minerales que no son especialmente escasos en la corteza terrestre, pero que son difíciles y costosos de encontrar en concentraciones suficientes como para hacer rentable su extracción. Están en los teléfonos inteligentes, en los motores de los vehículos eléctricos, en las turbinas eólicas, en los sistemas de defensa militar. Y resulta que hay importantes yacimientos en la franja costera que va de Constitución a Coronel.

El primer proyecto aprobado: Penco.

El 8 de junio, la Comisión de Evaluación Ambiental (COEVA) de la Región del Biobío dio luz verde por unanimidad al proyecto que busca extraer tierras raras en Penco, la primera iniciativa de este tipo impulsada en Chile, a cargo de la empresa minera Aclara Resources, que opera en asociación con el Grupo CAP.

Según la compañía, el proyecto contempla una inversión cercana a los US$130 millones y operaría en tres zonas —Victoria Norte, Luna y Maite—, con una producción de 320 toneladas por hora de arcillas húmedas.

El yacimiento no es el tipo de minería que uno imagina al pensar en el norte chileno. El depósito de Penco corresponde a arcillas superficiales, resultado de la erosión de una roca consolidada que, con el tiempo, se fue enriqueciendo en tierras raras al formarse el suelo. A diferencia de la minería de roca sólida que predomina en China —principal productor mundial—, aquí no se usarían explosivos. En lugar de ácidos fuertes para separar los minerales, el proyecto contempla el uso de una solución de amonio, considerada menos agresiva y que reduce algunos de los riesgos asociados a los drenajes ácidos que han marcado a otras operaciones de tierras raras en el mundo.

Eso no significa ausencia de riesgos. La solución de amonio contiene nitrógeno y, dado los volúmenes que procesaría el proyecto, podría generar preocupación por eventuales filtraciones hacia aguas subterráneas o cursos de agua superficial.

El contexto: geopolítica y negocios.

La aceleración de los proyectos de exploración y explotación de tierras raras en Chile se da en un contexto geopolítico complejo, en que Estados Unidos y Europa buscan reducir su dependencia del abastecimiento de tierras raras y minerales críticos de China. El pasado 12 de marzo, los gobiernos de Chile y Estados Unidos firmaron una declaración conjunta para el establecimiento de consultas sobre minerales críticos y tierras raras, interpretada como una alianza estratégica que, en la práctica, dará impulso a la explotación en la zona costera de Biobío y Ñuble.

En ese escenario opera un segundo actor. La empresa estadounidense Chilean Cobalt Corp., en alianza con la chilena NeoRe SpA, avanza en el proyecto NeoRe en el sur de Chile. La compañía informó la primera producción de concentrado de carbonato de tierras raras como parte de las pruebas iniciales de una planta piloto de separación modular, diseñada para evaluar el comportamiento del mineral antes de escalar a una eventual fase de producción mayor. La empresa espera iniciar una primera producción en 2027.

El alcance territorial del proyecto NeoRe es significativo. La compañía ha completado 133 sondajes con un total de 1.504 metros perforados desde el inicio de la exploración, avanzando en 14 de los 35 objetivos identificados en el distrito. Y ahora da un paso más: NeoRe SpA presentó las primeras solicitudes de concesiones de explotación minera en Cobquecura, en las concesiones Elena 19 y Elena 17, por un total de 600 hectáreas en el sector Talcamávida, al este de Buchupureo.

En total, las concesiones de exploración en la región de Ñuble suman 32.500 hectáreas, de las cuales 18.000 se localizan en Cobquecura, 13.000 en Coelemu y 1.500 en Ninhue.

Las comunidades que resisten.

Donde las empresas ven oportunidad, los territorios ven amenaza. En Penco, el alcalde y el Concejo Municipal han manifestado su rechazo absoluto a la iniciativa y su intención de declarar la zona como un territorio libre de minería. Las organizaciones ciudadanas "Parque para Penco" y "Penco-Lirquén Libre de Mineras" llevan años movilizando a la comunidad. Las críticas apuntan a la afectación del bosque nativo, la cercanía de las faenas a zonas residenciales y la falta de participación real en las decisiones. Un académico de la Universidad de Concepción señaló que el proyecto enfrenta un problema de ausencia de licencia social, en un territorio donde el alcalde y todo su concejo municipal se oponen y la comunidad tiene mucha incertidumbre sobre los impactos negativos.

En Cobquecura, la resistencia toma formas similares. El alcalde Jorge Romero fue enfático en señalar que no existen beneficios asociados a la industria minera y que estos proyectos generan contaminación ambiental, extracción intensiva de recursos naturales, erosión y deforestación. La agrupación "Cobquecura sin mineras" advierte sobre la contaminación de suelos y aguas, la tala de bosques y el impacto al turismo local. Una de sus voceras planteó que la comunidad es consciente de que estos proyectos no benefician en ningún sentido, porque el tema mayor son las necesidades más básicas: el agua, los caminos y los terrenos para agricultura, que son la base de la cultura tradicional local.

Lo que se está definiendo en estos cerros costeros no es solo una cuestión minera. Es la pregunta sobre quién decide el futuro de los territorios, y a qué precio.